Cada entrenamiento es único: autocrítica y evolución en Kendo.

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一期一会 Ichi-go ichi-e. Esto podría traducirse como “sólo por esta vez” o “un encuentro, una oportunidad”. Se relaciona directamente con el Budismo Zen y el concepto de transitoriedad. Este precepto se proyecta en casi todos los aspectos de la vida y la cultura de los japoneses. Es muy común leerlo, por ejemplo, en los lugares en los que se celebra ceremonia del té, recordando a los participantes que cada reunión es única.

Como es lógico, también tiene su extensión al Budo en general. Ayuda a no perder el rumbo y a preservar la disciplina, permitiendo, por ejemplo, ir todos los días al Dojo sin excusas o quejas por cansancio. Ya que es muy importante entrenar cada día (o cada tiempo que tenemos asignado a la práctica), es vital ser consciente y desarrollar la autoevaluación. Que seamos conscientes de nuestra práctica y seamos capaces de proyectarla en el tiempo es de gran importancia a la hora de crecer y madurar en el Kendo.

Cuando tenemos la suerte de poder entrenar con Maestros en cursos o viajes, normalmente volvemos a nuestro Dojo con muchos conocimientos nuevos, correcciones y cosas que cambiar y/o mejorar. Sin embargo, suele suceder que pasadas dos o tres semanas, volvamos a las mismas manías que teníamos y olvidemos de algún modo todo ese aprendizaje.

A pesar de que vayamos a todos los entrenamientos, viajemos y entrenemos con otras personas y Maestros, si no somos capaces de mantener ese estado de autoevaluación (o crítica personal) seriamente, perderemos un valioso tiempo que, precisamente, es una de las desventajas que tenemos en comparación con los practicantes japoneses, que tienen la oportunidad de vivir y respirar Kendo desde mucho antes y de un modo mucho más profundo.

Un ejercicio interesante para poder progresar y mantener esta autocrítica, sería llevar una cuenta de los entrenamientos que hacemos (sí, en números), así como un registro de avances, fortalezas, debilidades, etc. Releer estos diarios, ver cuántas prácticas hemos hecho este año en comparación con el anterior, etc. sin duda nos ayudará a mejorar en nuestro camino.

Otra cosa que nos puede ayudar es ir siempre a entrenar con un objetivo en mente. No solo sudar el keikogi (que también), sino darle un sentido a cada práctica. Si, por ejemplo, creo que mis piernas no dan de si lo suficiente porque tengo poca flexibilidad o fuerza, me esforzaré en trabajar y mejorar este aspecto en lugar de buscar algún truco que me ayude a “disimular” de alguna manera esta debilidad. Si cada vez que quiero hacer men no consigo llegar porque no me lanzo bien, trabajaré en mejorar mi desplazamiento, postura, el impulso, la cadera y en mantener correctamente el centro.

En fin, hay que disfrutar de cada momento y aprovechar cada minuto durante la práctica (y la vida en general). Debemos recordar que nadie más que nosotros mismos nos obliga a estar ahí y que por eso lo ideal es que demos el cien por cien, para poder sacar el mayor provecho, aprender y mejorar todo lo posible.

¡No hay excusas!

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